La mayoría de los meteoroides provienen de asteroides, cuerpos que orbitan sobre todo entre Marte y Júpiter, o de cometas, que trazan enormes órbitas elípticas por todo el Sistema Solar. Cuando los asteroides colisionan, se fragmentan en trozos que salen despedidos por el espacio. Por otro lado, al evaporarse el hielo de los cometas a causa de la luz solar, se desprende polvo. Este polvo se convertirá en un enjambre de pequeños meteoroides que pueden entrar finalmente en la atmósfera terrestre. Algunos meteoroides formaban parte de la Luna o Marte y salieron despedidos cuando un gran asteoroide impactó en su superficie.
Generalmente, los meteoritos son tan pequeños que caben en la mano, pero pueden ser más grandes que una casa. En el pasado, varios meteoritos gigantes originaron enormes cráteres en la Tierra. Sin embargo, hasta los pequeños pueden causar estragos; en 1992, uno golpeó un coche en Peekskill (Nueva York). Otro, mató a un perro cuando cayó en Egipto, en 1911.
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